sábado, 18 de noviembre de 2017

Saqueos y Ventiladores




Saqueos y Ventiladores


“Un verdadero príncipe, un gobernante que se precie de tal, debe ofrecer 
la vida antes que entregar la dignidad de sus súbditos y la suya propia”. 
Federico Andahazi

Ninguno de nosotros –a esta altura, ni siquiera el 20% que la votó en todo el país en octubre- considera a Cristina Elisabet Fernández una verdadera princesa, ya que ha dado acabada pruebas de privilegiar sólo su interés, personal y pecuniario, antes que los de la Patria o, inclusive, a su partido político y, menos aún, que los de quienes robaron para la familia Kirchner durante décadas, en la Provincia de Santa Cruz y en todo el país más tarde.

La Argentina, más allá de los inesperados y exitosos acuerdos que consiguió suscribir el Gobierno el jueves con los gobernadores y con la CGT, está inmersa en una situación económico-financiera sumamente complicada: necesita endeudarse en el exterior para sostener el imprescindible gradualismo (30% de los habitantes son pobres) en el ajuste por la debilidad del ahorro interno, tiene una de las más altas tasas de inflación del mundo, para intentar controlarla el Banco Central sube las tasas de las LEBAC a límites enormes, la presión impositiva es desmesurada, el costo laboral y previsional nos impide ser competitivos, el Estado tiene un déficit que alcanza al 10% del PBI, el colapso de la infraestructura vial y ferroviaria incide gravemente en los costos internos, y sobran en todas las administraciones públicas más de un millón de empleados, a los que no se puede despedir mientras no haya quien los absorba.  

Ese panorama, como es lógico, está incidiendo en la falta de inversiones genuinas, esas que inocentemente esperabamos como una lluvia. Sin ellas, resultará imposible que la Argentina crezca a un ritmo que le permita reducir el porcentaje de deuda en relación al PBI, colocando al país en una zona de gran vulnerabilidad ante la eventual aparición de “cisnes negros” en el mercado internacional; el default de Venezuela, ¿será uno de ellos?

Ante esa combinación de factores negativos me pregunto cuánto ha incidido en ellos la feroz rapiña a que fue sometida la Argentina durante los últimos años. Si recordamos que durante la década pasada ingresaron en las arcas públicas nada menos que US$ 970 mil millones, y que el país quedó en ruinas, tendremos al menos una respuesta parcial. Sería suficiente pensar cuánto nos costó la ambición de Néstor Kirchner de quedarse con YPF en materia de pérdida del autoabastecimiento energético y, consecuentemente, en la enorme cantidad de esenciales divisas que nos hemos visto obligados a dilapidar para importar gas y electricidad, y de perpetuarse en el poder a través del más impúdico clientelismo,

Pero no basta, porque día a día aparecen nuevos chancros expuestos que muestran hasta qué punto llegó el saqueo. Veamos algunos ejemplos que permiten una aproximación: los fondos desaparecidos de Santa Cruz; la mina de carbón de Río Turbio; los negociados con Hugo Chávez con bonos de deuda argentina; los inexistentes caminos y centenares de propiedades a nombre de Lázaro Báez; la venta fraudulenta de dólar futuro; el lobby de las constructoras encabezadas por Skanska y Odebrecht; la explosión del juego y la tolerada evasión impositiva de Cristóbal López; la penetración del narcotráfico gracias a la sociedad con Cristina y su gerente Anímal Fernández; los US$ 50 millones en propiedades en Miami del “valijero” y secretario presidencial Daniel Muñoz; “Sueños Compartidos” y la Tupac Amaru; Fútbol para Todos; los sobreprecios en los cargamentos de gas licuado; el enriquecimiento de Ricardo y Pablo Barreiro, Osvaldo Sanfelice y Martín Aguirres; el negociado de Ciccone; las cadenas de hoteles de los Kirchner y Relats; Rudy Ulloa Igor y su transformación de cadete en empresario de multimedios; la apropiación de tierras fiscales en Calafate; la malversación de subsidios en la Secretaría de Transportes (colectivos y ferrocarriles) y en el INCAA; el brutal incremento de la pauperización y su consecuencia en el crecimiento de los asentamientos y villas de emergencia; el latrocinio en el PAMI y en IOMA; las cajas fuertes de Florencia Kirchner; las montañas de dinero pesadas en “La Rosadita”; el gran abanico de medios de prensa sostenidos exclusivamente por la publicidad oficial; la Universidad de las Madres de Plaza de Mayo; los viajes de personajes en aviones privados y el transporte de diarios y medialunas a Río Gallegos en los Tango; etc., etc..

¿Cuál fue el costo para el país de la disparatada guerra contra el campo que abortó por el voto “no positivo” de Julio Cobos? ¿Cuánto se robó con las indemnizaciones a los terroristas y a sus familiares? ¿A cuánto alcanzan los saldos de las cuentas de Cristina y su familia en las islas Seychelles y otros paraísos fiscales? ¿Cuánto nos costó y qué objetivo real tuvo la expedición de Guillermo Moreno a Angola?; ¿fue, como creo, para cambiar las montañas de billetes de € 500 que juntaba Néstor, para acariciarlos y entrar en éxtasis, por diamantes africanos? Sin duda, otra vez estamos hablando de miles de millones de dólares.

Tal como algunos suponían y pocos esperaban, la sucesión de prisiones preventivas decretadas contra ex funcionarios de primer nivel del kirchnerismo ha provocado pánico entre los afectados, en especial porque el ánimo de todos ellos se vio francamente perjudicado por la falta total de solidaridad de la “noble viuda”; en la medida en que varios de quienes ahora viven atrás de las rejas han involucrado –como lo hizo ella misma- a sus propios hijos en la comisión de un sinnúmero de delitos gravísimos (lavado de dinero, enriquecimiento ilícito, fraude y complicidad en la corrupción, etc.), la preocupación de cada uno se ha incrementado exponencialmente.

Ya vimos “arrepentirse” a personajes menores como Leonardo Fariña y Federico Elaskar, pero ahora se han sumado Alejandro Burzaco y Alejandro Vanderbroele, que han comenzado a hablar de los negocios de Cristina y su hijo Máximo, de Amado Boudou, de Ricardo Echegaray, de Juan Manuel Abal Medina, de Gabriel Mariotto, de Julio Grondona y de Gildo Insfrán. Julio de Vido amenaza epistolarmente contar lo mucho que sabe y, seguramente, lo seguirán Lázaro Báez, tan pronto la remolona Justicia se lleve puestos a sus hijos, y Luis D’Elía y el propio Anímal Fernández, transformados en las más llorosas viudas de don Néstor. En esta materia, todo lo que leemos diariamente en la prensa no ha hecho más que empezar, y en Comorodo Py, con el despido de Eduardo Freiler, se respira un aire levemente más puro.

Con certeza, las cárceles de Marcos Paz y Ezeiza se seguirán poblando de delincuentes como los descriptos, pero no podemos ni debemos resignarnos a que ése sea el único costo que deberán pagar. Es imprescindible que devuelvan las inmensas fortunas que han robado, para que sirvan para paliar, al menos en parte, el monumental daño que su accionar ha generado en términos de pobreza, miseria y costo argentino. De acuerdo con la definición del Tratado de Roma, el kirchnerismo cometió un verdadero genocidio, como bien saben los qom y los wichis.

En estos días, está circulando por las redes una versión que atribuye al insólito e inexplicable viaje a Europa de Alicia Kirchner, Gobernadora de la Provincia de Santa Cruz, que se encuentra en crisis terminal, el propósito de buscar y negociar asilo político para su cuñadísima y sus hijos. Estoy convencido que se trata de un disparate, toda vez que hoy ningún país otorga protección a los acusados de corrupción; Alberto Fujimori, ex Presidente del Perú, fue extraditado por Japón, pese a ser ciudadano también de ese país, y hoy se pudre en una cárcel de Lima.

Las excepciones, claro, son los falsos paraísos comunistas de Venezuela  y Cuba, pero no me parece que, con las veleidades que la caracterizan, Cristina se muestre proclive a residir en ellos, donde le resultaría imposible exhibir sus joyas y sus exclusivas carteras Louis Vuitton.


Bs.As., 18 Nov 17

sábado, 11 de noviembre de 2017

“Fayando y fayando”



“Fayando y fayando”*

“Nos envejece más la cobardía que el tiempo. El tiempo sólo arruga la piel. El miedo arruga el alma” Facundo Cabral

 

Hoy la Justicia ocupa el lugar central de la vidriera donde se exhibe lo peor de la Argentina, tanto por el enorme desprestigio que la rodea, cuanto por la discusión acerca de las reformas necesarias. Las responsabilidades alcanzan a los tres poderes del Estado, y su buen desempeño, con independencia, seriedad y celeridad, resulta esencial para nuestra propia convivencia como sociedad y para la inserción de nuestro país en el mundo, con la consecuente llegada de indispensables inversiones: para que la incidencia de la deuda pública en el PBI descienda, éste debe crecer y, por otra parte, el millón de empleados públicos que sobran sólo podrán ser despedidos cuando la actividad privada pueda absorberlos.

El inventario de los males que la aquejan incluye la modificación kirchnerista del Consejo de la Magistratura, la nefasta aceptación de la renuncia de los magistrados cuestionados, el inicuo comportamiento de los jueces federales, el enriquecimiento inexplicado de algunos, la falta de preparación de otros, la colonización del fuero penal por la escuela garantista (herencia de Zaffaroni), la industria de los juicios laborales, la enorme duración de los procesos, el colapso edilicio y la falta de equipamiento informático, el nepo/amiguismo en el ingreso del personal a la carrera judicial y varios etcéteras.

Una vez más, y por razones cada vez más repugnantes, ha vuelto a ser cuestionada. Regresó a la picota por obra del Juez Ariel Lijo y su orden de detención del ex Vicepresidente, Amado Boudou. En la nota anterior, “Punteros, malandras y porongas”, ya expresé mi opinión sobre el tema, pero la difusión de las imágenes y filmaciones captadas durante el procedimiento ha suscitado una discusión que amerita otro análisis, ya que una parte de la ciudadanía y del periodismo se rasgó las vestiduras frente a la presunta e humillación a la que habría sido sometido el reo -se trata de un delincuente común, cómplice y testaferro del régimen saqueador que acaba de pasar a la historia- cuando se lo vio en piyama, descalzo y despeinado, mientras se le leía la orden de prisión.

Comenzó una polémica, amplificada en las redes sociales, acerca de la eventual violación de los derechos humanos del imputado, y otra vez se reveló nuestro costado más hipócrita. Nada se dijo de los perjuicios directos que este incansable ladrón causó a los más humildes y desprotegidos de nuestros conciudadanos, muchos de los cuales siguen descalzos –hace poco tiempo se viralizó la fotografía de un chico en un colegio rural, sin zapatos, mientras portaba la bandera- sino que se olvidaron las situaciones, mil veces más graves, que afectan a los militares y civiles presos, muchos sin condena firme, desde hace tantos años.

Los recientes presos por corrupción, mucho más jóvenes, son trasladados al Hospital Penitenciario de Ezeiza, donde pueden comprobar en carne propia la precariedad de las instalaciones y de los servicios que allí se brindan; pero los antiguos huéspedes son ancianos cuya edad promedio supera los 76 años y presentan patologías de toda índole, incluyendo numerosos de casos de cáncer terminal, están casi ciegos o paralizados.

Entre los muchos casos que fueron llevados en penosas condiciones a los tribunales que los juzgan en los procesos mal llamados de “lesa humanidad”, hombres de edad muy avanzada, algunos de los cuales se encuentran afectados por males de Alzheimer y Parkinson, los más emblemáticos fueron los del General Antonio Bussi y del Comisario Luis Patti. Además de recordar que fueron elegidos por sus vecinos varias veces como Gobernador de Tucumán e Intendente de Escobar, respectivamente, fueron obligados a comparecer estando cuadripléjicos; sus penosas fotografías en camilla recorrieron el mundo y, sin embargo, no hubo queja alguna de parte de los organismos de pseudo derechos humanos, ni se levantó una sola voz desde la política que se refiriera a ellos. Ahora, muerto el primero y cuando los jueces decretaron la prisión domiciliaria del segundo, se organizan escraches para repudiarlo; ¿se necesita alguna muestra más de la tuerta mirada de esas organizaciones? Pero no fueron los únicos episodios aberrantes de este largo período de venganza caníbal que se desatara a partir de la llegada del kirchnerismo al poder y que el gobierno de Cambiemos no ha hecho nada por interrumpir.

El mes pasado, desde el penal de Ezeiza fueron llevados a un tribunal de Bahía Blanca un grupo de detenidos; el traslado se efectuó en un camión celular, destartalado y sucio, a pesar de la avanzada edad –superaban los 82 años- y de las enfermedades de los imputados. Por la noche y durante doce horas, con las luces interiores encendidas permanentemente y las ventanillas cegadas, se los trató como ganado; entre otros comportamientos humillantes, el vehículo no se detuvo ni para que pudieran ir al baño –el existente en el interior estaba clausurado- y debieron utilizar en su reemplazo botellas provistas por los agentes penitenciarios. Tampoco hubo entonces queja alguna, ni reacción de la Secretaría de Derechos Humanos. El contraste con el trato brindado a los presos por corrupción, que incluyen traslados en avión y vehículos de alta gama, no puede resultar más repulsivo.

El otro aspecto de la cuestión Boudou se centró en la orden de prisión preventiva del ex funcionario. La ley establece que esa medida de privación de la libertad se debe decretar cuando existe peligro de fuga o se puede poner el riesgo la investigación; dada la edad de los militares y su falta de medios económicos, pensar que puedan escaparse sería una estupidez, y nadie podría alterar las pruebas en hechos ocurridos hace cuarenta años.

No puede exceder de los dos años, prorrogable por un año más si hubiera fundamentos. En el caso de los presos políticos, amén de otras aberraciones violatorias de todos los principios del derecho que sustentan el edificio de la civilización occidental -irretroactividad de la ley penal, juez natural, legalidad, principio de inocencia, etc.- esos límites han sido superados exageradamente. Para poner números concretos, hay que decir que el 76% no tiene condena firme, y el promedio de extensión de sus prisiones preventivas llega a los 6 años, aunque en algunos casos alcanzan a los 15; peor aún, 287 detenidos en esas circunstancias ni siquiera han llegado a juicio, o sea, nunca han sido declarados culpables de los crímenes que se le imputan.

Tengo esperanzas en que la reciente renuncia de la Procuradora General de la Nación, la inefable Alejandra ¡Giles! Carbó, que tendrá efecto a partir del 31 de diciembre próximo, y la reforma de la ley del Ministerio Público, en tratamiento hoy en el Congreso, permita el rápido desplazamiento de los innumerables impresentables disfrazados de fiscales con los que colonizó los tribunales, con la obvia complicidad de esos otros canallas, los jueces -verdaderos asesinos togados- que llevaron adelante los juicios de la venganza.  

¡Teléfono para Germán Garavano, Ministro de Justicia, y para Claudio Avruj, Secretario de Derechos Humanos! No se puede ser acomplejado ni timorato, en especial cuando enfrente están los mismos que pretenden destituir al Gobierno y convocan a organizar comandos de resistencia sin que a nadie se le mueva un pelo.

Bs.As., 11 Nov 17

(*) De “Yira, yira”, tango de Enrique Santos Discépolo

sábado, 4 de noviembre de 2017

Punteros, malandras y porongas




Punteros, malandras y porongas

“Menos mal hacen los delincuentes que un mal juez”. Francisco de Quevedo

Debo el título de la nota a Jorge Ossona, catedrático en innumerables universidades, que publicó con ese mismo nombre y con el sello de Siglo XXI Editores, un indispensable estudio sobre la ocupación de tierras y los usos políticos de la pobreza en el conurbano bonaerense; le agradezco haberme inspirado y permitido utilizarlo.

Es que, en estas horas, han ingresado nuevamente a la pista central del circo argentino varios de los más tristes personajes de esta tragicomedia en que se ha convertido nuestra historia reciente. Me refiero, obviamente, a Amado Boudou, Luis D’Elía, Ariel Lijo, Julio de Vido y Sergio Maldonado y el cadáver de su hermano. Todos ellos, de un modo u otro, merecen entrar en una de las tres categorías inventariadas en el título.

El ex Vicepresidente de la Nación, el famoso Guita-rrita, llegó a las tablas semanales por su sorpresiva detención de la madrugada de ayer. Cuando los efectivos de la Prefectura Naval, por orden del Juez Lijo, lo despertaron y condujeron a tribunales, batió un record al transformarse en el primero en ir preso después de ocupar tan alto cargo. Su privación de libertad fue uno de los reclamos más fuertes de la sociedad, que veía en él el emblema de la impunidad, y no soportaba más su sonrisa triunfadora y su impúdica exhibición de lujos después de tantas denuncias que lo involucraban en hechos delictivos de todo tipo, desde la falsificación de los papeles de un auto y la permanente mentira sobre su domicilio, hasta llegar al robo de siete millones de pesos al sufriente pueblo de Formosa y a actuar como testaferro de la familia Kirchner en la apropiación de la máquina de imprimir dinero.

Claro que usted sabe, si ha tenido la paciencia de leer estas notas semanales que escribo hace ya trece años, que no lamento en absoluto lo sucedido, pero también sabe qué opino acerca de los indignos inquilinos de Comodoro Py, y la conducta de Lijo no ha hecho más que darme la razón. Tanto este magistrado cuanto su colega, Daniel Rafecas, fueron denunciados el lunes pasado ante el Consejo de la Magistratura por demorar por años los expedientes que involucraban a los grandes malhechores de la asociación ilícita gobernante; esa iniciativa correspondió al Colegio de Abogados de la Ciudad de Buenos Aires y a la agrupación Será Justicia, y se fundó en los resultados de una auditoría ordenada por el mismo Consejo.

Pues bien; sin conocer la resolución de Lijo que ordenó la detención de Boudou confieso que me llamó la atención que hubiera sido dictada contra un individuo que siempre estuvo a derecho, es decir, que no intentó evadirse y concurrió a los juzgados cada vez que fue citado y, a mayor abundamiento, se encuentra sometido a varios procesos orales. Lo extemporáneo de la medida hace que ésta huela a podrido y resulte atribuible a la necesidad del Juez de lavar su imagen, comprometida por sus vinculaciones con el suspendido camarista Eduardo Freiler, para intentar zafar del complicado brete en que se encuentra su carrera y, quizás, hasta su propia libertad.

De todos modos, sorprende que tanto Gildo Insfrán, Gobernador vitalicio de Formosa, y Ricardo Echegaray (ex jefe de AFIP) no hayan sido siquiera llamados a prestar declaración indagatoria en la causa que tanto complica a Boudou, José María Núñez Carmona y Alejandro Vanderbroele, es decir, la apropiación de Ciccone Calcográfica. Sin los dos primeros, el que pagó por un ¿asesoramiento? para que su Provincia negociara su deuda con el Ministerio de Economía de la Nación y el que otorgó las facilidades para el pago de impuestos que negó a sus anteriores dueños, toda la maniobra hubiera resultado imposible y, sin embargo, continúan ajenos al juicio.

Lo que sucedió ayer con Boudou me recordó al General César Milani, huésped del Hospital Penitenciario Central de Ezeiza, ahora procesado por enriquecimiento ilícito; como le dije a él mismo, está mal preso por los delitos que se le atribuyen y que se relacionan con los hechos ocurridos en La Rioja y Tucumán en los 70’s, pero está bien preso por ladrón y, sobre todo, por haber manchado el uniforme de la Patria al haber intentado poner al Ejército al servicio del proyecto clepto-político de Cristina Kirchner.

También reingresó a la pista central el payaso Luis D’Elía, el mamarracho que prestó apoyo solidario a Boudou en sus recientes desventuras, muy preocupado por su propia libertad, tan en juego por estos días. El piquetero enriquecido -¡uno más!- se lamentó públicamente por la soledad en que su jefa espiritual dejó a su antes ponderado funcionario; es más, con un fuerte exabrupto, exigió que Cristina encabezara un “comando” que saliera a combatir contra la embestida judicial que ha mandado a tantos de sus más conspicuos laderos a la sombra tumbera. ¿Qué tipo de resistencia imagina que podrá ejercer, si ella misma ya debiera estar presa? ¿No sabe, acaso, que hoy la única preocupación de la ex Presidente es conservar su libertad y la de sus hijos, y gozar de la incalculable fortuna que tienen en el exterior?

Por su parte, De Vido adquirió el derecho a participar del show con la carta que envió a los medios, en la que muy veladamente amenazó con empezar a contar lo mucho que sabe, y quiénes fueron los beneficiarios finales de todas las maniobras que, bajo su comando directo, se realizaron para vaciar todas y cada una de las cajas de dinero público posibles: gasoductos, redes de alta tensión, importaciones de energía, empresas vendidas o expropiadas, trenes y colectivos, rutas, caminos, puentes, represas, minas y hasta películas que nunca fueron exhibidas. Es que la soledad en que se encuentra este colombófilo, abandonado por todos, debe pesarle en exceso, después de haber sido el más eficiente saqueador para sus jefes. Si don Julio comienza a hablar, muchas cabezas públicas y privadas, tal vez algunas cercanas al poder actual, rodarán por el polvo, y será muy bueno para la República que así suceda, caiga quien deba caer.

Sergio Maldonado volvió a sufrir un revés en su patético intento de ofrecer el cadáver de su hermano en el altar de los falsos derechos humanos, cuando las pericias determinaron que no sólo el tatuador no había sufrido agresión alguna, sino que su cuerpo estuvo sumergido en el lugar en que fue encontrado durante todo el tiempo. Así, cayeron sucesivamente las imputaciones a la Gendarmería y al Ministerio de Defensa por la “desaparición forzosa” y hasta la teoría del “plantado” del cuerpo. Anhelo, sin ninguna esperanza, que pida públicas disculpas por su triste actuación, exprimida al máximo por delincuentes como Hebe Bonafini, Estela Carlotto, Horacio Verbitsky y Eugenio Zaffaroni; de estos cuatro nada, porque los conozco demasiado.

El Presidente de la Corte Suprema de Justicia, Ricardo Lorenzetti, que siente en la nuca el peligroso aliento de Elisa Lilita Carrió, fue apurado por el Presidente de la República y por el Ministro de Justicia, Germán Garavano, por la morosidad del accionar del Poder Judicial y por el desprestigio social que lo acompaña. Reaccionó con furia, y atribuyó justificadamente esos males a la enorme cantidad de vacantes de jueces y a la falta de equipamiento acorde con la época; me pregunto por qué nadie dijera que el enorme presupuesto que maneja diariamente y que, seguramente, le permitiría adquirir los medios necesarios para dotar a los tribunales al menos de computadoras modernas.


Bs.As., 4 Nov 17 

miércoles, 1 de noviembre de 2017

Inocencia Perdida



Inocencia Perdida

“Yo os envío, como ovejas en medio de los lobos”. Mateo 10:16

El Poder Ejecutivo nacional –y el de la Provincia de Buenos Aires no se quedó atrás al promulgar la demencial ley que impide el cuestionamiento de un número dogmático, los 30.000 desaparecidos- pretendía obtener una actitud contemporizadora por parte de los organismos que nuclean (ya fue confesado por ellos mismos) a quienes reivindican el accionar de los terroristas de los 70’s y hasta pretenden traerlo al presente, mientras militan en el kirchnerismo tumbero.

Para justificar esta última afirmación basta recordar qué sucedió durante la manifestación del 24 de marzo de este mismo año en la Plaza de Mayo, donde fue leída una proclama, firmada por todas las organizaciones, en la que propusieron volver a las armas para derrocar al Presidente, al cual identificaron con la dictadura militar; las denuncias penales formuladas por sedición, instigación a cometer delitos, intimidación pública y apología del crimen fueron rápidamente archivadas por el diligente Juez Marcelo Martínez de Giorgi, otro conspicuo inquilino de Comodoro Py, porque afectaban ¡el derecho a la libertad de expresión!

Durante dos años, el Gobierno creyó que, para conseguir la paz que buscaba, bastaba con su total prescindencia respecto al accionar del Poder Judicial colonizado y la completa inacción de la Secretaría de Derechos Humanos frente a la situación de los ancianos militares y civiles detenidos por presuntos crímenes de lesa humanidad, aguantar sin inmutarse los cortes de calles y caminos y la ocupación de los espacios públicos por encapuchados armados con palos y la absurda permisibilidad frente a la actual presencia de claros propaladores del odio y la violencia institucional en los medios de comunicación del propio Estado; esa inútil política de seducción incluyó cancelar cualquier esperada medida tendiente a la revisión de las írritas sentencias dictadas en los fraudulentos procesos de venganza, que mantienen casi dos mil presos políticos en las cárceles de todo el país.

Pero, en su inocencia, no se dio cuenta que ese terreno, el de los malversados derechos humanos, era el campo de batalla elegido por el perdidoso kirchnerismo y el “club del helicóptero” para continuar con su guerra abierta contra Mauricio Macri, la democracia y la República. Siguió tolerando, y subsidiando, las actividades desestabilizadoras del Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS, de Horacio Verbitsky), de la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos (APDH), de Madres (Hebe Bonafini, quien el jueves pasado reiteró su incondicional apoyo a Cristina Elisabet Fernández) y Abuelas (Estela Carlotto) de Plaza de Mayo e H.I.J.O.S., y hasta les permite la posesión de lugares y edificios emblemáticos que debieran pertenecer a toda la ciudadanía.

Pese a que ya había alterado el orden constitucional con sus acciones a favor de Milagro Salas, una política presa por la multiplicidad de delitos de los que se la acusa, y humillado con ello a la Justicia argentina, el Gobierno continuó contribuyendo financieramente al sostenimiento de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), que ahora se ha sumado a la tergiversación (la “desaparición forzada” en manos de la Gendarmería) de los hechos comprobados en el caso de Santiago Maldonado, que encontró la muerte ahogándose en un río del sur, mientras acompañaba los actos terroristas de esa falsa etnia; y ello aún cuando la presencia en la CIDH de Raúl Zaffaroni garantiza su utilización como efectiva arma contra las instituciones argentinas.

El nuevo camino que ha comenzado a recorrer se vincula, qué menos se podía esperar, con el tema de los inventados mapuches que buscan la secesión de un territorio, no por casualidad de multimillonario valor y al que califican falsamente de ancestral, tanto de Argentina como de Chile; los movimientos indigenistas han sido elegidos también por el Foro de San Pablo como arietes contra los Estados y las democracias de América. El objetivo de la fábula construida con la desaparición temporal del tatuador y el descubrimiento de su cadáver intacto ha sido claro, ya que aún la familia y las organizaciones de izquierda nacionales e internacionales, contra toda evidencia, lo siguen utilizando para victimizarse y culpar al Gobierno, a la Ministro de Defensa (Patricia Bullrich) y a la Gendarmería por su supuesto asesinato.

En este tema en particular, y dada la segura influencia y el dinero de las FARC colombianas, de Sendero Luminoso peruano, de los colectivos chavistas y de las organizaciones terroristas chilenas en la región, la Justicia no podrá continuar con su aberrante política de reconocimiento fáctico de una soberanía –pedir permiso para ingresar y aceptar que los okupas palpen de armas a las fuerzas de seguridad- distinta a la nacional en las regiones afectadas por este fenómeno, porque está en juego la propia existencia del Estado que, por definición, debe velar por el cumplimiento de las leyes y por la integridad de su territorio.

Esta semana, la CIDH celebró en Montevideo su 165° período de sesiones. En ella, tanto la Asociación de Abogados por la Justicia y la Concordia cuanto el Centro de Estudios Legales sobre el Terrorismo y sus Víctimas (CELTyV) fueron impedidos a gritos de participar, pese a haberse inscripto con los requisitos exigidos, y el Dr. Guillermo Fanego, un abogado defensor, fue expulsado con violencia de la sesión, todo ello con el aquiescente y permisivo silencio de las autoridades del cuerpo. Quedó probado así cuál es el rol que le ha asignado a este organismo de la O.E.A. el Foro de Pablo, es decir, un lugar en el que sólo la izquierda cerril, el falso progresismo y los regímenes cleptocráticos puedan tener voz.

Esa actitud, de neto corte stalinista, se consumó en presencia de Claudio Avruj, Secretario de Derechos Humanos argentino, que recibió, de parte de Estela Carlotto, una puñalada trapera; esta también confesa dirigente kirchnerista acusó a nuestro Gobierno, ante una nutrida concurrencia regional, de abandonar la postura sesgada que se mantuvo durante toda la década saqueada y de llevar adelante una inexistente política que, de concretarse, simplemente permitiría que la protección alcanzara a todos los habitantes de la nación, en especial a aquéllos que lucharon con las armas legales contra la subversión y a las víctimas civiles del terrorismo, y no solamente a esos monumentalmente indemnizados y premiados “jóvenes idealistas”, que asolaron el país hace cuarenta años.  

El viernes pasado, Mauricio Macri criticó a la Comisión diciendo que estaba operando sobre el caso Maldonado con “fines políticos”. ¡Era hora de que perdiera la inocencia y lo descubriera! Esperemos que, a partir de ese tardía toma de conciencia, proponga al Congreso que la Argentina deje de pertenecer a la CIDH, como lo hizo Donald Trump con la UNESCO, terminando así con la supremacía de las resoluciones de dicho organismo sobre nuestro Poder Judicial, ya que nuestra presencia en ella convalida la bastarda utilización de todos los escenarios, micrófonos y cámaras posibles para denostar y combatir contra el sistema democrático y republicano, ese que la Argentina y casi todos los países del continente han elegido para vivir.


Bs.As., 1 Nov 17

sábado, 28 de octubre de 2017

Y Para Farra …


Y Para Farra

“El poder mantiene su fuerza cuando permanece en la oscuridad; expuesto a la luz del sol, comienza a evaporarse”. Samuel Huntington

Finalmente, el poder nefasto del kirchnerismo, objeto por años en cientos de denuncias judiciales y periodísticas, ha quedado exhibido ahora por los tan temerosos jueces argentinos de modo tal que lo han transformado en la nada misma; la mayor prueba de ello la dio el bloque del ¿Frente para la Qué? en la Cámara de Diputados el cual, a imitación de su jefa espiritual, dejó solo a Julio de Vido en su hora más amarga.

Tal como era previsible, los magistrados se atropellaron en los corredores de Comodoro Py para ver quién llegaba antes con sus pedidos de detención del desaforado legislador; seguramente, veremos actitudes similares en los próximos días, como claro efecto del resultado de las elecciones del domingo pasado. Es que el notable triunfo de Cambiemos en todo el país –con excepción de aquellas provincias en las que aún el siniestro clientelismo es norma- trajo tranquilidad al inquieto ánimo de esos jueces, tan sensibles a los efluvios del poder.

Las dos causas que terminaron con la libertad del cajero mayor de los Kirchner durante casi treinta años –sobreprecios en la importación de gas y desvíos en la mina de Río Turbio- no sólo son graves sino que implican cantidades saqueadas enormes; pero ninguna de ellas se acerca a la peor estafa de esa década robada. Me refiero, como es obvio, a todo el affaire de YPF; ya que somos una nación de desmemoriados –a punto tal que uno de cada cinco argentinos volvió a votar a los ladrones- creo que conviene hacer un poco de historia, en especial para los jueces y fiscales.

El ex Presidente Carlos Menem quería privatizar la mayor empresa del país pero necesitaba la conformidad del Congreso. Recurrió entonces a la negociación con los gobernadores de las provincias petrolíferas, a los cuales ofreció re-calcular las regalías que les correspondían, amén de reconocerles la propiedad de parte de las acciones de la compañía; pero condicionó esas concesiones al voto favorable de los legisladores que las representaban. Cuando lo consiguió (el “pelotudo” Oscar Parrilli fue el miembro informante), transfirió a la Provincia de Santa Cruz US$ 600 millones.

El entonces Gobernador, don Néstor, tan pronto Repsol (otra rareza, ya que se trataba sólo de una distribuidora de combustibles, sin pozo de petróleo alguno) compró YPF, vendió las acciones que correspondían a la Provincia en US$ 500 millones de dólares, metió ambas sumas en un bolso y, aconsejado por el denostado Domingo Cavallo, transfirió todo a cuentas en el exterior, ¡abiertas a título personal! Esos fueron los desaparecidos “fondos de Santa Cruz”, cuyo destino la Legislatura provincial, ocupada casi íntegramente por sus fieles, se negó sistemáticamente a investigar.

Una parte de esa enorme fortuna fue empleada por Kirchner (que así dejó afuera a Carlos Reutemann y Juan Manuel de la Sota) para conseguir que Eduardo Duhalde lo nominara como candidato del Partido Justicialista en las elecciones de 2003, convocadas anticipadamente por el entonces Presidente por el asesinato de Maximiliano Kosteki y Darío Santillán.

Ya sentado en la Casa Rosada y forzado por su fuerte vocación de ladrón, don Néstor comenzó a asfixiar a las petroleras que trabajaban en la Argentina, reconociéndoles por el combustible precios muy inferiores a los que, cuando la producción local comenzó a caer, se pagaba en boca de pozo a Bolivia o, más aún, a los vendedores de gas licuado. Así, el país perdió el autoabastecimiento de energía y se vio obligado a importarla a cualquier costo; todos los caminos (líneas de alta tensión y gasoductos) construidas para exportar a Chile, Brasil y Uruguay, fueron utilizados a partir de entonces para importar, y se instalaron dos estaciones de regasificación en Campana y Bahía Blanca.

Como directa consecuencia de esa política demencial, los españoles de Repsol comenzaron a desear irse del país, no sin antes transferir activos de YPF en el exterior a otras empresas de su grupo. Y allí actuó, una vez más, el equipo de planificación para el saqueo nacional. Un pajarito le contó a Antonio Brufau, por entonces líder de la empresa propietaria, que había un grupo argentino que estaba interesado en comprar el 25% (15% + 10%) de la compañía local, y en 2007 aparecieron en escena los Eskenazi, dueños (¡una casualidad!) del Banco de Santa Cruz, que había operado los fondos ausentes y donde Lázaro Báez (¿lo recuerda?) se desempeñaba como cajero.

Don Antonio que, como buen catalán, no tenía un pelo de tonto, aceptó el trato aunque el grupo “comprador” no tuviera dinero para tamaña adquisición; la propia Repsol prestó una parte del monto necesario y garantizó ante distintos bancos los préstamos necesarios para concretar el negocio. Además, (¡otra originalidad!) transfirió la administración de YPF a la famiglia compradora –escribió que se trataba de gente experta en operar en “mercados regulados”, o sea, corruptos- pese a que ésta lo único que sabía del negocio era cómo cargar combustible en el automóvil.

Pero, claro, tomó algunas precauciones: en primer término, exigió la firma del propio don Néstor y de algunos de sus funcionarios más cercanos en el contrato; además, YPF quedó obligada a distribuir en dividendos no menos del 95% de utilidades anuales. Esto, en un negocio de alto riesgo y costo como el petrolero, que nunca distribuye más del 30/35% de sus utilidades porque necesita el resto para explorar en busca de nuevos yacimientos, obviamente paralizó la actividad e hizo caer bruscamente la producción de petróleo y gas en el país, forzando a importar más  y más combustibles, a punto tal que así desaparecieron las reservas en divisas del Banco Central y se desató, una vez más, la inflación. Los Ezkenazi, también prudentes, pusieron las acciones de YPF así compradas a nombre de una empresa australiana –Petersen- cuyos verdaderos dueños son desconocidos, aunque no dudo que portan un apellido que empieza con K.

Pero en 2012 la actual Senadora electa, Cristina Elisabet Fernández, en un rapto involutivo de patriotismo e invocando la caída en las reservas de la compañía que su marido había provocado, obtuvo una ley que, llamada “de soberanía hidrocarburífera”, significó la expropiación de las acciones que aún se encontraban en manos de Repsol. En teoría, la Argentina no debía pagar nada por esas acciones pero el Ministro Axel Kiciloff, heroicamente, “negoció” con los españoles pagarles ¡sólo otros US$ 10 mil millones! por una compañía que, para ese entonces, ya valía la mitad de esa suma.

Como claramente se ve, fue el mayor crimen cometido durante la década más infame de nuestra historia, puesto que el daño provocado se extenderá en el tiempo hasta tanto la Argentina consiga recuperar el autoabastecimiento energético. Sólo entonces, podremos desprendernos del pesado lastre económico que significan las importaciones de gas licuado y de electricidad, hoy indispensables para atender el consumo nacional. Pero, además, el cálculo del dinero que tuvimos –y tendremos- que gastar hasta equilibrar oferta y demanda debe medirse en pobreza y miseria por la inflación que conlleva en pérdida de divisas, en hospitales, cloacas, viviendas y rutas faltantes, en impuestos y subsidios que degradan el déficit fiscal.

Estos hechos, originados sólo en la inconmensurable codicia de estos delincuentes que, gracias a Dios, han comenzado a poblar la cárcel de Ezeiza, fueron demasiado gravosos como para que los jueces –¡teléfono para Ariel Lijo!, tan espuriamente vinculado al ya inminente ex Juez Eduardo Freiler- los olviden o dejen prescribir.


Bs.As., 28 Oct 17

sábado, 21 de octubre de 2017

Hoy Discépolo resulta un optimista …










Hoy Discépolo resulta un optimista …

“Una cualidad de la Justicia es hacerla pronto y sin dilaciones; hacerla esperar es injusticia”. Jean de la Bruvère

“… con las cosas que tenemos a la vista”, escribió Eladia Blázquez en un tango; la autora murió sin poder comprobar cuánta razón le da la actualidad nacional, poblada de escenarios complejos que, de todas maneras, no impedirán que concurramos mañana a las urnas.

El primero de ellos se desarrolla en el sur, donde un grupo de falsos mapuches se ha arrogado la facultad de reclamar la secesión y entrega de parte del territorio nacional y, mientras lo obtiene, impone su soberanía sobre el mismo por la fuerza. Hasta allí, se trata de delitos de toda índole que, como tal, deberían ser justamente castigados por el Poder Judicial.

Pero lo que convierte la situación en un verdadero circo es el demostrado terror que tienen los jueces en hacer cumplir la ley, a punto tal que negocian de igual a igual con estos indios “truchos”, requiriendo su permiso para el ingreso de las diferentes fuerzas de seguridad sin armamento al denominado “territorio sagrado”, y admiten que los oficiales sean palpados por los delincuentes para comprobarlo. En su momento, los funcionarios judiciales intervinientes deberán ser, a su vez, investigados por estas infames y cobardes concesiones que, sin duda, constituyen una traición a la Patria.

El bastardo aprovechamiento político de la transitoria desaparición y de la muerte de Santiago Maldonado sirvió a la tentativa de desprestigiar y condenar anticipadamente a esas fuerzas, cuando ni siquiera hay, ni había, reales pruebas de la presencia del joven tatuador en el famoso piquete del 1° de agosto. Es lo mismo que hicieron antes con el Ejército y la Armada, para dejar inerme al Estado argentino ante la agresión que, como tantos otros de América, viene sufriendo bajo el comando del Foro de San Pablo, públicamente decidido a fomentar los movimientos indigenistas en la región para lograr su fin último: dinamitar la democracia y las repúblicas.

Que fueran los federales quienes descubrieran el cuerpo mojó la pólvora de la acusación de desaparición forzada, que los organismos tuertos de derechos humanos intentaron “vender” a la ciudadanía, con el obvio y explícito propósito de identificar al Gobierno con lo peor de la legítima guerra contra el terrorismo en los años 70. Aspiraban, así, a lograr los votos de los jóvenes que ignoran todo lo sucedido entonces y que fueran objeto de un exitoso lavado de cabeza durante el kirchnerismo.

Nuestra curiosa originalidad incluye el método al que, como hace cada año, eligió el encuentro nacional de mujeres para protestar por la violencia contra su sexo: nada menos que romper la Catedral del Chaco y llenar de pintura los monumentos; a veces, hasta han defecado en los templos para culminar su cruzada pacifista.

El cambalache mayor, sin embargo, está en los Tribunales de Comodoro Py. El kirchnerismo creyó en el consejo del viejo Vizcacha y se hizo amigo (fuera con “efectividades conducentes”, fuera por aprietes y carpetazos) de los jueces, que se esforzaron en congelar los expedientes en que los mandamases de turno estaban imputados por la comisión de un sinnúmero de delitos. Las denuncias que formularon Lilita Carrió, Margarita Stolbizer, Mariana Zuvic, Ricardo Moner Sanz y algunos otros corajudos, durmieron durante toda la extendida década robada en los cajones de tan confiables magistrados, tapados por el polvo de la impunidad; en algunos casos, como los sobreseimientos de los Kirchner y sus secretarios privados por enriquecimiento ilícito o las coimas de Skanka, ese polvo consiguió ahogar las investigaciones.

Pero, claro, olvidaban que las encuestas de opinión las reciben también esos maravillosos perfumistas que, encaramados en los cargos que les permiten decidir sobre la libertad y el patrimonio de todos, miran desde arriba y con soberbia a sus conciudadanos mientras ignoran indignamente los deberes que la Constitución les impone. Ante el convencimiento de la derrota que sufrirán mañana sus antiguos patrones, giraron como veloces veletas y simultáneamente descubrieron -¡oh, milagro!- que habían olvidado las causas que los comprometían en el fondo de los cajones; rápidamente, los desenterraron y comenzaron a actuar con renovada celeridad en las mismas.

Así se llegó a los dos pedidos de desafuero y detención de Julio de Vido, el gran cajero de Néstor y Cristina desde los lejanos tiempos de la Gobernación de Santa Cruz. Desde su Ministerio planificó federalmente la pérdida del autoabastecimiento energético y la consecuente necesidad de importar gas y electricidad, la “compra” de chatarra ferroviaria contaminante, el invento de la extracción de carbón en Río Turbio, los monumentales subsidios al transporte, la “nacionalización” de YPF y de Aerolíneas, la obra pública inexistente pero pagada con creces, el sueño compartido de las viviendas sociales nunca construidas y otros latrocinios que, siendo tantos y tan variados, ya ni siquiera llaman la atención.

Pero sí lo hace que la viuda negra haya soltado la mano a tantos de sus funcionarios y testaferros ya detenidos, dejándolos a la intemperie política y haga gala de ello ante cada micrófono que le ponen delante. Porque don Julio, Ricardo Jaime, Lázaro Báez, José López, César Milani y Ricardo Baratta sufrirán esa soledad y, al menos para tener compañía, es probable que se sientan tentados a contar dónde fueron los miles de millones que robaron para la corona kirchnerista, quedándose con algunos vueltos. Eso sí, podrán formar en la cárcel diferentes equipos de fútbol, ya que más temprano que tarde deberían ingresar Roberto Dromi, Daniel Cameron, Carlos Zannini, Anímal Fernández, Amado Boudou, Daniel Scioli, Florencia y Máximo Kirchner, Cristóbal López, Sergio Schoklender, Exequiel Espinosa, Claudio Uberti, Gerardo Ferreyra, Enrique Ezkenazi, Ricardo Echegaray, Rudy Ulloa, Juan Pablo Schiavi, Claudio Cirigliano, Eduardo Freiler y tantos otros saqueadores seriales, públicos y privados.

Mañana, según Hebe de Bonafini, los argentinos deberemos optar entre la libertad y la muerte; tal vez sea una promesa de suicidio. Obviamente, coincido con ella en su afirmación, aunque invierta el sentido de su frase porque, si triunfara la Unión Ciudadana, entraríamos en un camino sin retorno que nos conduciría a Cuba y Venezuela. ¡Dios nos guarde!


Bs.As., 21 Oct 17

sábado, 14 de octubre de 2017

Fané y descangayada




Fané y descangayada

“Los jóvenes deben aprender a pensar como una masa. ¡Es criminal pensar como individuos!” Ernesto “Che” Guevara

El lunes pasado se cumplió medio siglo de la muerte de uno de los mayores canallas y asesinos de los muchos que han herido a nuestra América hispana, endiosado luego por las imbéciles izquierdas como un prócer global; es curioso que quienes portan su retrato en camisetas y tatuajes alrededor del mundo no recuerden la frase que sirve como epígrafe ya que, si lo hicieran, debieran abjurar de su mítico credo, toda vez que contraviene la esencia de la libertad y, sobre todo, de la juventud.

El mundo occidental estuvo, el martes, pendiente de la presentación del Presidente de la Generalitat, Carles Puigdemont, ante el Parlament regional, ya que había jurado proclamar la independencia respecto a España. Evidentemente, la presión del Gobierno, traducida en advertencias de prisión e incautación de bienes a los gerifaltes que comandaron el disparate, la fuga masiva de empresas –tan dolorosa para el sensible bolsillo de la comunidad catalana- y el rechazo de la Comunidad Económica Europea –que anotició que no podría siquiera usar el euro como moneda- fueron demasiado para quienes se alzaron contra la Constitución y las leyes y, más allá de la retórica, el proyecto abortó. No significa, ni mucho menos, que el tema haya concluido, pero se abre un camino de sensatez para transitar hacia una solución que permita suturar la profunda grieta que esta impensable crisis ha provocado en la sociedad española.

Para ello habrá que esperar para ver qué hace ahora Puigdemont frente al ultimátum que le dispararon las Cortes, apoyado allí hasta por los antisistema de Podemos, y que lo puso contra las cuerdas a fecha fija: el 19 de octubre. Entonces deberá explicar a España entera en qué consistió la payasada de una pseudo independencia que duró escasamente un minuto.

Pero el título de la nota, como no podía ser de otro modo dado mi espíritu argentino y gardeliano, tiene que ver con nuestro país y, sobre todo, con la triste realidad que le toca vivir a doña Cristina, la sangrienta emperatriz que reinó ocho años -¿o deberemos sumarle los cuatro de la presidencia de su marido y hasta los períodos en que éste ejerció como Intendente de Río Gallegos y Gobernador de la Provincia de Santa Cruz?- que hoy se sienta, casi sola y abandonada, en su Instituto Patria.

El miércoles, en una actitud totalmente suicida –como el escorpión del cuento- volvió a lavarse las manos respecto a los hechos de corrupción cometidos por sus ministros y secretarios, en especial por Julio de Vido, que sin duda robaron para ella, como antes para su marido, al negar cualquier vinculación con ellos. ¿Qué harán estos, ante la inminencia de una condena que caerá también sobre sus entornos familiares, cuando tomen conciencia de esta monumental deslealtad y de la soledad en la que han quedado?

El aliento de los jueces federales –las mejores “narices” del mundo- en su nuca y las de sus hijos, debe tenerla muy intranquila, sobre todo porque deberá prestar declaración indagatoria, cuatro días después de las elecciones parlamentarias del 22, en la causa más grave de las muchas que se le instruyen. Está acusada en ella de un cúmulo de delitos, que van desde traición a la Patria hasta colaboración con el terrorismo internacional, tipos penales que, no sólo son imprescriptibles (¿recuerda la “lesa humanidad”), sino que conllevan la condena de nuestro hipócrita mundo, ése que distingue ntre terroristas “buenos” –los que asolaron la Argentina y motivan el arrojo flores al río por parte de Barak Obama y otros líderes globales que visitan nuestro país- y “malos” (los que atacan a sus propios países), a los cuales abaten sin preocuparse por sus presuntos derechos humanos.  

Es más, quizás, hasta la veamos procesada más temprano que tarde por la “responsabilidad funcional” en el asesinato del Fiscal Alberto Nisman,  la misma curiosa imputación que mantiene presos a los más de dos mil ancianos militares que impidieron, con el respaldo de leyes y decretos dictados por gobiernos democráticos, que nos convirtieran en la Cuba de los 70’s o en la Venuezuela actual, ocupadas por regímenes que tanto éxito han tenido en mejorar el nivel de vida de sus respectivas sociedades, que mueren por falta de medicinas, hambreadas hasta la extenuación.

Con seguridad, pesan como lápidas sobre Cristina dos situaciones altamente probables. La primera, que los escasísimos intendentes que le han jurado no sólo acompañarla hasta la puerta del cementerio sino hasta enterrarse con ella induzcan el corte de boletas electorales, un cáliz amargo que ya debió beber en 2013 y 2015, muy convencidos que los votos de Sergio Massa están migrando a Esteban Bullrich.

La segunda, por supuesto, que los senadores que surjan de este evento electoral, comandados por Miguel Angel Pichetto y que responden a sus gobernadores, ya decididamente dialoguistas con el Gobierno, acepten la invalidez de su diploma parlamentario por “inhabilidad moral”, una figura que ella misma, cuando era legisladora, hizo aplicar a un frustrado colega; si el Juez Claudio Bonadío la procesa por esos terribles delitos, les resultará a los peronistas harto difícil mostrarse, ante una ciudadanía atenta y vigilante, como protectores y cómplices de esta probada y notoria criminal.

Faltan sólo ocho días para, ya nadie lo duda, el funeral del kirchner/cristinismo, y están encendidas las velas que rodearán su féretro. El proceso populista y cleptómano que tanto daño ha hecho a nuestro país, integrado a la ola que recorrió el continente con idénticos efectos, habrá concluido por obra y gracia de un personaje  en el cual la política tradicional nunca creyó; simplemente siguió el consejo de su antecesora: formó un partido y ganó las elecciones.

La responsabilidad histórica de Mauricio Macri y de su equipo de gobierno es enorme. No sólo deberá mejorar la competitividad de la economía nacional y su credibilidad ante el mundo, modernizar este Estado paquidérmico e insoportable en su costo, sino recuperar la esperanza de reinserción para ese tan doloroso sector (29%) al que siete décadas de falso progresismo han condenado a la pobreza y a la marginación, algo que arteramente el kirchnerismo le reclama con sólo dos años en el poder.

Pero creo que la tarea prioritaria que tiene por delante es purificar al Poder Judicial, tan identificado socialmente con la protección y la complicidad con la corrupción y tan descalificado por la ciudadanía por haber olvidado el triple rol que la Constitución le impone: ser la garantía de los individuos frente a las arbitrariedades del Estado, ser el control de los actos de los demás poderes y ser el justo árbitro entre pretensiones opuestas de los ciudadanos.

El procesamiento por corrupción dictado por el Juez Julián Ercolini contra la Procuradora General de la Nación, Alejandra ¡Giles! Carbó, obviamente acerca ese objetivo, toda vez que su desplazamiento impedirá que la red de fiscales militantes –una verdadera quintacolumna- continúe haciendo daño a las instituciones de la República.

No debe olvidar Macri, que “con una Justicia seria, independiente, eficaz y rápida, todo será posible; sin ella, nada lo será”.


Bs.As., 14 Oct 17