sábado, 20 de agosto de 2016

Será por eso que del todo no me fui




Será por eso que del todo no me fui[i]

"Quienes quieran analizar la política o la historia en términos ideológicos, sólo estarán contemplando el espectáculo de un teatro de títeres".   Carlos Manfroni

Que ya no hay ideologías en la política argentina no es una novedad, pero donde más se nota es en la violencia política. Con toda mi profunda repugnancia por el accionar de los terroristas de los 70's, que tantas víctimas cobró, no dejo de reconocer que actuaban convencidos de ser el "hombre nuevo" popularizado por el Che Guevara, acompañado por muchos curas extraviados, y se sentían mesiánicamente destinados a conducir la revolución socialista. Pretendían replicar en la Argentina el genocidio comunista (el propio Santucho dijo que, al triunfar, fusilarían a un millón de argentinos) y contaban con el apoyo militar y financiero de países como Cuba, Libia, Argelia, Líbano, etc.. 

Si bien quienes vivimos aquella trágica época recordamos claramente qué sucedió entonces, ya convivimos al menos con dos generaciones que lo ignoran o están confundidas, engañadas por la exitosa acción psicológica que permitió que la historia fuera tergiversada completamente, calificando a aquellos asesinos como "jóvenes idealistas".

Hoy, cuarenta años después, esa demencial violencia que resurge de la mano de los militantes kirchneristas -algunos de ellos ex integrantes de organizaciones como Montoneros, Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP) y Movimiento Todos por la Patria (MTP)-  y busca la desestabilización o caída del actual gobierno, tiene como único objetivo impedir que la Justicia envíe a la cárcel a Cristina Elizabet Fernández y al resto de los integrantes (funcionarios y empresarios) de la asociación ilícita que encabezó, como antes lo fue el asesinato de Alberto Nisman. Mañana Jorge Lanata, que mostrará en su programa cuentas bancarias extranjeras, con sus saldos, procedencia del dinero y titulares, seguramente incrementará la inquietud que los embarga.

Todo comenzó, el 10 de diciembre, cuando la viuda de Kirchner se negó a entregar los atributos del mando a su sucesor, y continuó con la resistencia en organismos y cargos por parte de ñoquis sembrados como virus malignos en toda la administración pública (¿qué es de la vida de Milani y Berni?). Siguió la masiva distribución del manual de procedimiento para la concreción de micro acciones destinadas a promover el descontento social, y una feroz actividad en las redes. Así, lograron instalar la sensación de desempleo masivo, que nunca existió, o una hambruna generalizada, pese a que todos los planes sociales han aumentado, incluyendo la distribución de alimentos.

Aunque no les sería posible ahora reunir una tropa ideologizada para la subversión, no es menos cierto que hay mucha mano de obra disponible para asumir ese rol. Me refiero, naturalmente, a elementos de la Policía bonaerense, a pseudo organizaciones sociales -como Barrios de Pie, Quebracho, Miles TTT, Tupac Amaru, Hijos, Corriente Clasista y Combativa, etc.- para invadir violentamente el espacio público y alterar el orden y, en especial, a otro tipo de personas, vinculadas al narcotráfico, como los "ni-ni", dispuestos a todo por algunas dosis de paco, o los barrabravas, que se venden al mejor postor. Si a esa inestable mezcla explosiva le sumamos la actitud de los sacerdotes de "Curas en Opción por los Pobres", declaradamente kirchneristas y prohijados por el Papa Francisco, tendremos delante un escenario por demás inquietante.

  Me preocupa la actitud del Presidente y su entorno, que minimizan este rebrote de violencia y se resisten a enfrentar, con todo el peso de la ley, hechos que van escalando en gravedad y que, de no ser cortados de cuajo, seguramente acarrearán consecuencias terribles. No fue menor que el automóvil en el que se trasladaba Mauricio Macri fuera apedreado ni que se optara por modificar locaciones de actos para evitar confrontaciones callejeras; tampoco lo fueron las reiteradas amenazas implícitas en las invasiones al despacho de María Eugenia Vidal o a la casa de alguno de sus ministros, cometidos en el marco de la resistencia de la Policía de la Provincia de Buenos Aires a la limpieza que la Gobernadora está encarando en sus filas.

Parte de lo que sucede en la Justicia fue desnudado por el Juez Alfredo López, de Mar del Plata, que denunció que la Fiscal Laura Mazzaferri se había negado a recibir la denuncia que formulara la propia Policía y entorpecía la investigación de la agresión al Presidente y, sin pelos en la lengua, instó a éste a promover juicio político a todos los integrantes de la nefasta organización autodenominada "Justicia Legítima", a la cual pertenece la funcionaria en cuestión, creada por la Procuradora General, Alejandra ¡Giles! Carbó, para servir al innoble propósito kirchnerista de colonizar al Poder Judicial; el magistrado fue clarísimo cuando explicó que, mientras esa organización subsista, resultará imposible gobernar.

Es demostrativo de una cobardía visceral o de una complicidad dolosa que ningún fiscal del país haya denunciado -el Título VIII del Código Penal reprime los delitos contra el orden público- a siniestros personajes como Luis D'Elía, Fernando Esteche, Hebe de Bonafini, Roberto Perdía, Gabriela Cerruti, Guillermo Moreno, Cristóbal López y sus medios, etc., que desembozadamente han dicho que buscan, incluso recurriendo a la violencia, la renuncia o la destitución de Macri, a quien han llegado a comparar con Hitler. En este tema, como sucede con la corrupción, la impunidad está reñida con la gobernabilidad.

No voy a explayarme sobre el tema de las tarifas, puesto que ya he fijado mi posición en otras notas, pero sí voy a insistir en que, más allá de las repercusiones financieras que el fallo de la Corte Suprema produce, el impacto más grave ha sido sobre la posibilidad del arribo de inversiones extranjeras, que el país requiere más que un vaso de agua para un perdido en el desierto.

Considero que la culpa de lo sucedido corresponde al Gobierno, que torpemente se negó a informar oportunamente a la sociedad la magnitud de la crisis heredada, responsabilidad luego amplificada por el magnífico aparato comunicacional del kirchnerismo, que logró instalar la idea de un inexistente tarifazo salvaje. Si el Ministro Aranguren hubiera convocado antes a los ocho ex secretarios de Energía, que tienen diversas filiaciones políticas pero llevan años proponiendo unánimes soluciones al problema fabricado por don Néstor y doña Cristina, casi con seguridad se hubiera conducido mejor el proceso.   

Espero que los jóvenes que hoy están a cargo de la administración nacional dejen de usar como libro de cabecera el "Diario de la guerra del cerdo", del inolvidable Adolfo Bioy Casares, y por lo menos escuchen a quienes, por edad y experiencia política, podrían haberles evitado sufrir esta derrota que nos afecta y que pagaremos todos, en especial los más pobres.




[i] De "El corazón al sur", de Eladia Blázquez

sábado, 13 de agosto de 2016

Los Abrojos del Pasado




Los Abrojos del Pasado

"Y es desfile de fantasmas el pasado que me espanta,
y me anuda la garganta y me llena de temor". Armando Tagini


Más allá del sideral papelón que protagonizó el Juez Marcelo Martínez de Giorgi al convalidar la inaudita exigencia de Hebe de Bonafini de ser interrogada en la sede de su fundación, en lugar de comparecer en Tribunales como cualquier mortal y, de paso, ser humillado, insultado y desafiado por esa energúmena, la reunión que mantuvieron Cristina Fernández y Daniel Scioli, tiñó la semana política.

La imagen de ese encuentro, profusamente distribuida, conmovió al Partido Justicialista, que está intentando desvergonzadamente desprenderse, cual serpiente, de la piel kircherista que utilizó durante más de doce años, como antes hiciera con el menemismo, con el duhaldismo y con tantos otros ismos que los precedieron, tan pronto éstos fracasaron. Tampoco lo ayudan en esa ciclópea tarea los violentos episodios periodísticos protagonizados por Guillermo Patotín Moreno en televisión, o el video que lo muestra rascando el fondo de la olla que él mismo vació sin misericordia.

Sin embargo, la fotografía sólo demostró la enorme preocupación que embarga -¡también ella!- el ánimo de la ex Presidente y del ex Gobernador, de lejos el peor que tuvo la Provincia de Buenos Aires en toda su historia, unidos sólo por el espanto. Y no es para menos: la Justicia se acerca a ambos a pasos agigantados. En el caso de la noble viuda, la actividad del Juez Claudio Bonadío en el affaire del memorandum con Irán, que irremediablemente la llevará al procesamiento por traición a la patria y encubrimiento del terrorismo, constituye el hecho más grave, frente a un mundo tan golpeado por incesantes atentados, ya que la transformará en un paria internacional.

Por su parte, a don Lancha lo acechan las investigaciones sobre la inmensa fortuna que construyó, robando caudales públicos, mientras el territorio que gobernó se hundía en la miseria y carecía de los servicios públicos más elementales, para no hablar de las terribles inundaciones que se llevaron la vida de una cantidad aún no determinada de bonaerenses. Bien podría haberse unido a la foto Anímal Fernández, hoy nuevamente imputado por similares razones.

 Claro que no están solos; los acompañan los ya innumerables miembros de la asociación ilícita que saqueó el país, sin dejar en él nada en pie, que están ahora investigados, detenidos o procesados por esas buenas almas que imperan en Comodoro Py, otros que tratan con igual desesperación de cambiar de piel, después de tanto tiempo de resultar cómplices necesarios, por interés o cobardía, del monstruoso latrocinio.

El kirchnerismo tuvo un éxito inmenso: hasta verse obligado a entregar el poder, consiguió que la crisis en la que sumió a la Argentina -infinitamente peor que la del 2001- no fuera percibida por la ciudadanía; a que lo lograra contribuyó la nueva administración que, dubitativa, se resistió por meses a informar a la población en qué estado encontró cada área del Estado y, cuando finalmente lo hizo, fue mediante un relatorio que no tuvo difusión alguna.

Cuando digo que la gravedad de la situación que heredó Macri resulta incomparable con el país que entregó De la Rúa en 2001, me baso en que, en aquél momento, cuando estalló la convertibilidad después de haberla mantenido con pulmotor y endeudamiento desde 1998, el verdadero sufrimiento correspondió a la clase media ahorrista, ya que la depresión económica había producido mucho antes el cierre de empresas y la pérdida de empleo, con la consecuente reducción del consumo. Quedó así ociosa una gran capacidad industrial y energética; recordemos que, entonces, Argentina no sólo era autosuficiente en la materia sino que exportaba a los países vecinos, para lo cual se habían construido y redes de alta tensión gasoductos a Chile, Brasil y Uruguay. El entonces Presidente, Duhalde, devaluó fuertemente y comenzó la reactivación apoyada, precisamente, en aquellas capacidades ociosas; en 2003, cuando don Néstor llegó al poder, ya el país había salido del "infierno" y, además, su gestión fue beneficiada por el marcado incremento en el precio de nuestras commodities, en especial la soja.

En cambio hoy, los abrojos que dejó el pasado siguen prendidos ya que no solamente perdimos el autoabastecimiento de energía sino que nos hemos convertido en grandes importadores -todos aquellos conductos debieron invertir el sentido de sus flujos- y no existe capacidad ociosa industrial por la falta de inversión productiva y el irracional aumento del consumo, fogoneado por el populismo kirchnerista. El colmo fue el congelamiento de las tarifas energéticas -gas y luz- y del agua corriente, una medida demencial que, justificada en 2001, fue mantenida a rajatabla hasta el final; el calificativo se debe a que a los subsidios aplicados para evitar el colapso del sistema responden nada menos que por el 85% del enorme déficit fiscal.

Las bombas que dejó la gestión anterior explotaron al unísono y, sobre el natural descontento de la población ante los inevitables ajustes que se ve obligado a realizar el Gobierno para intentar reencausar la economía y aprovechar la leve brisa favorable que llega desde el exterior -la situación de Brasil mejorara y hay una renovada apetencia por los países "emergentes"- han aparecido algunas serias amenazas al devenir democrático de la República, con el doble objetivo de desestabilizar a Mauricio Macri y a María Eugenia Vidal y de generar miedo por las derivaciones carcelarias de los procesos de corrupción sobre los jerarcas del desfalco.

Lo que vimos la semana anterior, cuando se quiso llevar a Bonafini a declarar y apareció una pared humana de delincuentes para impedirlo (¿dónde están los fiscales que debían imputarlos por encubrimiento?), logró preocupar al Gobierno por las eventuales derivaciones de la detención de Cristina Kirchner, algo que todos -incluida ella misma- consideran harto probable. Los mensajes mafiosos que recibió la Gobernadora pretenden hacerla desistir de la audaz limpieza de la Policía de la Provincia de Buenos Aires que encaró para desarmar esa gigantesca cueva de narcotraficantes, proxenetas, empresarios del juego, secuestradores y ladrones de toda laya.

En estos días, las organizaciones kirchneristas han retomado la calle con la excusa de protestar contra las políticas correctivas del desmadre que dejaron sus jefes, y seguramente éstos no cejarán porque les va en ello la libertad propia, de sus hijos y las fortunas mal habidas. En el cómputo de asistentes a las marchas -un caso emblemático fue el día de San Cayetano- sumaron a quienes tienen legítimos reclamos por la pobreza o la falta de trabajo pero, cuando se tomó conciencia del fin real y aparecieron pancartas y pañuelos blancos, el número se transformó en infinitesimal, como ocurrió ayer en Mar del Plata, donde sólo eran trescientos, aunque por cierto muy agresivos.

Eso confirma que la ciudadanía está dispuesta a realizar el esfuerzo que se le pide -sobre todo, porque la alternativa eran Scioli y Anímal- pero, en contrapartida, exige el fin de la impunidad de los funcionarios, de sus cómplices privados y de los jueces corruptos. Si no recibe rápidamente señales positivas en esa demanda, la paciencia se acabará porque le resultará insoportable contemplar el libre pavoneo de los causantes de tantos males, aunque la responsabilidad sea de toda la sociedad, que prefirió mirar para otro lado, y votarlos, mientras los bolsillos estaban artificialmente tranquilos.


Bs.As., 13 Ago 16

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sábado, 6 de agosto de 2016

Los chimpancés togados del Sarrasani




Los chimpancés togados del Sarrasani

            
            "Un juez tiene que ser un señor; si sabe derecho, mejor". Máxima inglesa


El espectáculo que nos brindó Hebe de Bonafini desde que fue llamada a prestar declaración indagatoria por un juez, que el jueves culminó en la pista mayor del circo porteño, muestra a las claras en qué estado han quedado las instituciones de la República tras décadas de corrupción y de complicidad de los magistrados federales de todas las instancias, ya incapacitados de impartir Justicia sobre la ciudadanía atónita ante la falta de aptitud moral y el enorme desprestigio que los cubre, agravado por el conventillo en que han transformado Comodoro Py.

A partir de ahora, ¿habrá alguien que obedezca un mandato judicial?, ¿aceptará mansamente cualquiera que un Martínez de Giorgi, un Rafecas, un Canicoba Corral, un Casanello, un Freiler, un Ballestero, una Figueroa, un Rosanski, etc., pretenda juzgarlo? 

Pero, por encima de todos ellos y con facultades disciplinarias que pueden llegar hasta la destitución, está el Consejo de la Magistratura. La sociedad entera debiera montar guardia en su puerta del edifico para exigirle, simplemente, que cumpla el deber que la Constitución le asigna, y deje de ser el extorsionador en que se convirtiera desde que el ¿Frente para Qué?, imponiendo su mayoría automática, modificó su composición para permitir a la política entrar por la ventana. Mauricio Macri debería enviar ya mismo, sin dilación alguna, un proyecto de ley al Congreso para abolir esos cambios.

Bonafini está imputada por la comisión de varios delitos -defraudación al Estado, emisión de cheques sin fondos y malversación de caudales en los sueños que compartió con sus hijos putativos, los Shoklender- y se declaró, desde el mismo momento en que fue citada a prestar declaración indagatoria, en explícita rebeldía; para demostrarlo, calificó al magistrado que la convocaba, y por añadidura al Presidente de la República, con los más gruesos epítetos, además de seguir en su inveterada postura de incitar a la subversión contra los poderes del Estado y hacer apología del delito.

Cuando se ordenó llevarla ante los estrados judiciales por haberse negado a hacerlo, se acollaró con lo más granado de la asociación ilícita que saqueó nuestro país durante más de doce años. Como red de seguridad para la vieja equilibrista se pudo ver a angelitos o delincuentes tales como Boudou, Parrilli, Zannini, Kiciloff, Mariotto, Recalde, Depetris, el ¿maestro? Baradel, Larroque, Sabbatella, Cerruti, Yasky, Parodi, Segovia y sus "metrodelegados" y, en cartel francés, Máximo Kirchner; todos incurrieron, sin duda, en encubrimiento e intimidación pública. Muchos de ellos ya la habían acompañado cuando organizó los "juicios populares" a periodistas independientes o, travestida como Lenin, llamó a tomar el Palacio de Tribunales y echar a patadas a los miembros de la Corte Suprema; tampoco entonces hubo un fiscal o un juez con los redaños necesarios para imputarla por atentar contra la Constitución.

Esos mismos magistrados sinvergüenzas se niegan a cumplir con el sagrado deber que les impone la ley: la aplican retroactivamente, niegan el principio de inocencia, validan inadmisibles pruebas, mantienen prisiones preventivas que exceden el máximo legal, no otorgan el beneficio de la prisión domiciliaria a los mayores de setenta años, no cuidan la salud de los viejos enfermos. Y todo eso sólo por cobardía frente a la reacción de los tuertos organismos de derechos humanos, verdaderas cuevas de ladrones y meros instrumentos de venganza de los terroristas.  

En la Argentina que los Kirchner legaron a Macri, y que éste aún no pudo o no supo corregir, el patoterismo y la violencia pueden más que la Justicia, que ni siquiera puede controlar eficientemente a las distintas policías, que la obedecen sólo cuando les parece, porque no saben cuándo serán denunciados y condenados por hacerlo; basta recordar qué pasó en diciembre de 2001.

Otra pista en la cual se exhibe impunemente la ignorancia y la soberbia de los simios togados se da en el terreno de las tarifas públicas; ¿cómo puede un tema meramente técnico ser justiciable?, ¿qué saben los jueces acerca del costo de la energía o de la operación del subterráneo?, ¿por qué no preguntarles, también, de dónde deben extraerse los fondos para seguir pagando la fiesta populista y criminal?, ¿qué explicarán a quienes, por retrotraer la situación a diciembre de 2015, han perdido la "tarifa social" que les permitía pagar aún menos que antes y, a cambio, siguen regalando el gas y la luz a los hogares más pudientes?, ¿quién pagará ahora a las empresas para que puedan continuar prestando aunque sea estos deficientes servicios?

Evidentemente, parecen ignorar -algunos lo hacen con intención política- que uno de los requisitos esenciales para lograr el arribo de las anheladas inversiones productivas es la seguridad jurídica, y el penoso espectáculo que están brindando en este campo funcionarios y jueces no hace más que alejar el horizonte. Simultáneamente, al mantener congeladas las tarifas, impiden que crezcan la exploración, la generación, el transporte y la distribución de energía, para recuperar el autoabastecimiento perdido adrede por don Néstor y doña Cristina; y ese es el otro requisito esencial, ya que no hay en el mundo quien invierta en un país donde faltan tan básicos insumos como el gas y la luz.

La sociedad en su conjunto tiene una titánica tarea por delante: devolver al Poder Judicial la independencia, la sapiencia y el prestigio necesarios para desempeñar el soberano rol que la Constitución le asigna. La carrera judicial no es para todos, porque -en especial aquí- está llena de obstáculos, y sólo los espíritus superiores pueden transitar ese camino sin caer en tentaciones mundanas.

Quienes tienen la facultad de disponer sobre la libertad y el patrimonio de los ciudadanos y la obligación de ser la barrera frente a los abusos del poder sobre los individuos, deben estar por encima de cualquier cuestionamiento y de toda sospecha; como la mujer del César, no sólo tienen que ser serios y honestos sino, además, parecerlo.


Bs.As., 6 Ago 16

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sábado, 30 de julio de 2016

¡Magoya está harto de quejas!



¡Magoya está harto de quejas!


"Con una Justicia honesta, seria, independiente y rápida, todo será posible; sin ella, nada lo será"


A menos de un mes de haber escrito yo "Los doce del patíbulo", la prensa ha confirmado que el Consejo de la Magistratura tratará la destitución de los nefastos jueces Eduardo Freiler, Daniel Rafecas y Carlos Rosanski por la comisión de diferentes delitos y muchas faltas gravísimas, para lo cual ya se habrían reunido los votos necesarios; innegablemente, se trata de un muy buen principio, ya que varios otros de estos personajes sentirán el aliento en la nuca, pero deberá estar acompañado por la aceleración de la auditoría dispuesta sobre los juzgados federales, dotando a quienes deban realizarla de los medios físicos y del personal necesarios.

El lunes, después de la ya injustificable feria de invierno -que este año, al menos, fue bastante movida-, el Poder Judicial volverá al trabajo y comenzarán a reactivarse muchas de las causas de corrupción que tanto han escandalizado a la enorme mayoría de la sociedad; una reciente encuesta determinó que el 70% quiere a Cristina Kirchner presa y que devuelva el dinero robado, pero también que un preocupante 23% aún confía en su honestidad.   

La ex Presidente demostró claramente cuál de ellas es la que más le preocupa: la denuncia de Nisman por encubrimiento del terrorismo, instrumentado con el memorandum firmado con Irán. La AMIA y la DAIA, desde la sociedad civil, y el Fiscal General, Germán Moldes, pedirán la nulidad del insólito archivo, sin producir ninguna de las medidas de prueba solicitadas, ordenado por Rafecas. Cuando la investigación sea reabierta, Cristina Elizabet Fernández y su ex Canciller, Héctor Timerman, no encontrarán lugar en el mundo, hoy tan golpeado por los atentados permanentes, un lugar donde esconderse.

En una nueva catarata de mensajes por Twitter, la noble viuda una vez más se dijo víctima de una persecución judicial, orquestada por los "medios concentrados"; me pregunto cómo tiene tal cara de piedra después de haber acosado, con la notoria complicidad de Estela Carlotto, a los hijos de Ernestina Herrera de Noble, a quienes ni siquiera pidió disculpas, o a tantos empresarios a los que intentó vincular con la represión al terrorismo, seguramente con la intención de quedarse con sus compañías.

El jueves, nada menos que un miembro de la Cámara Nacional de Casación Penal, Juan Carlos Gemignani, ordenó la detención de una funcionaria de ese Tribunal por negarse a cumplir una orden explícita, que le exigía inventariar aparentes "donaciones" de Julio de Vido al cuerpo que integra, sin consultar a otros jueces de esa bolsa de gatos en que la nefasta "Justicia Legítima" ha convertido al más alto Tribunal penal; la afectada denunció al Juez, que fungía como Presidente durante las vacaciones, por privación ilegítima de la libertad ante un Juzgado federal, y el Fiscal interviniente, que pertenece al mismo grupo militante kirchnerista, dio impulso a la causa. Hasta allí, los hechos; pero lo curioso, en el contexto actual, fue que el propio Gemignani se quejara, en un reportaje radial, por la inexistencia de una verdadera justicia en la Argentina.

Porque, si quienes ejercen tan altos cargos en el Poder Judicial dicen que no la hay, qué podemos esperar quienes estamos en el llano y, además, resulta obligatorio recordarles que ellos mismos mantienen secuestrados, en privación ilegítima de su libertad, nada menos que al 70% de los casi 2000 presos políticos (desde la asunción de Macri, han muerto 28) que se pudren en las cárceles comunes de todo el país con prisiones preventivas que exceden en mucho el límite máximo (dos años, prorrogable por uno más cuando existan motivos fundados) que los tratados internacionales y americanos de derechos humanos establecen; desde la reforma de 1994, éstos han sido elevados a rango constitucional. Espero que los abogados defensores de los militares, policías y civiles que se encuentran en esta situación, varios por más de quince años, formulen prontamente las denuncias del caso.

Si no fuera por cuánto nos ha afectado, resultaría hilarante la distinción entre terroristas "buenos" -aquéllos asesinos a los cuales tanto los funcionarios argentinos cuanto los mandatarios extranjeros que nos visitan rinden homenaje- y los "malos", que matan a tiros y bombazos -como aquí hicieron, por ejemplo, dinamitando el comedor de Coordinación Federal, con decenas de muertos y cientos de heridos- a multitudes en Estados Unidos, Europa y los mismos países árabes.

El otro tema de la semana fue la "pelea" entre el Presidente y Marcelo Tinelli, que dio tanto que hablar. Pese a que critiqué duramente que Mauricio Macri se rebajara a discutir con un personaje tristemente mediático por una irrespetuosa imitación, debo confesar que he cambiado de postura. Y lo hice en virtud de una curiosa protesta que se formuló en la radio de Electroingeniería, la empresa que tanto medró, en virtud de la amistad entre uno de sus dueños (Gerardo Ferreyra) y Carlos Zannini, ex Jefe de Gabinete, forjada cuando ambos estaban presos por terrorismo. El comentarista se lamentó porque, según su particular interpretación, ese episodio había ocupado tanto la atención social, que había permitido al Gobierno tomar algunas medidas, presuntamente impopulares, ocultándolas bajo ese manto de neblina; a partir de entonces, pese a no saber cuáles habrían sido tales disposiciones adoptadas silenciosamente, entendí el rédito político que había obtenido Macri, más allá del triplete (Tinelli y Moyano fuera de la AFA y el contrato de Fútbol para Todos rescindido) que lo convirtió en ganador.

La descarada hipocresía del kirchnerismo quedó ratificada por su reacción frente a la utilización de la base de datos de la Anses para la comunicación directa que el Gobierno pretende mantener con la población. Basta recordar las innumerables cadenas nacionales que utilizó Cristina para denostar públicamente a un abuelo que pretendía regalar US$ 10 a su nieto, pidiendo autorización para hacerlo por la existencia del cepo, o a un empleado que se hacía eco de la caída en el mercado inmobiliario, para lo cual usó los datos que le había suministrado la AFIP sobre la morosidad de su empresa.

Con su nueva visita a la Capital Federal, nuestra abogada exitosa puso un clavo más a su ataúd político: llegó para conmemorar un nuevo aniversario del nacimiento de Hugo Chávez, el siniestro cómplice de su marido muerto que, a semejanza de éste, sumió a su patria en el quinto infierno.

Por eso, antes de quejarnos del gobierno de Cambiemos por las inevitables medidas que se ha visto obligado a adoptar para permitir a la Argentina sobrevivir a la devastación que dejó el kirchnerismo, recordemos que nos ha salvado por un pelo de transformarnos en la tristísima Venezuela actual, un país quebrado en el cual impera la más feroz violencia asesina, no se respeta ningún derecho humano y la población carece de alimentos y medicinas, pese a que flota sobre un mar de petróleo.


Bs.As., 30 Jul 16

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sábado, 23 de julio de 2016

Setenta barrotes y casi ninguna Flor




Setenta barrotes y casi ninguna Flor

"Tu angustia comprendió que era imposible,
luchar contra la gente es infernal".
Enrique Santos Discépolo

A raíz de la escandalosa y pornográfica exhibición de la corrupción kirchnerista -y eso que sólo se ha visto la punta de un monstruoso iceberg- ya nadie duda que Cristina Elizabet Fernández terminará presa; hasta sus mejores espadas lo han reconocido públicamente. La duda, entonces, se debería centrar sólo en cuándo sucederá, y qué miembros de su familia la acompañarán.

Sin embargo, al socaire de una feria judicial bastante movida y que todavía se extenderá una semana, se ha abierto una discusión política, absurda desde donde se la mire: ¿debe ser detenida o no? Hasta el propio Presidente se ha visto obligado a manifestarse al respecto pese a que, como todos sabemos, la libertad de la ex mandataria no depende de él; la razón por la cual fue preguntado obedece al obvio interés de Cambiemos en tenerla como sparring en las elecciones legislativas del año próximo, en especial si pudiera presentarse como candidata a Senadora por la Provincia de Buenos Aires, dado el manifiesto deterioro que ha sufrido su imagen.

Parafraseando a Perón cuando sostuvo que las masas avanzarían con los dirigentes a la cabeza o con la cabeza de los dirigentes, hoy podríamos decir que la sociedad avanzará en su lucha contra la inédita corrupción que encarnó el kirchnerismo con los jueces a la cabeza o con la cabeza de los jueces. Éstos lo saben, y por eso han acelerado tanto los trámites de las causas y han dado tanta repercusión mediática a los avances de las investigaciones; son conscientes que, en esa actitud, les va el cargo y, eventualmente, hasta la libertad.

Los magistrados de Comodoro Py deben apurarse a atravesar su propio Jordán para intentar purificarse de tantos años en los que su inactividad y sus sentencias írritas los convirtió en cómplices necesarios del latrocinio, cuando no en beneficiarios directos del mismo, como son los casos del camarista Eduardo Freiler y del ex Juez Oyarbide, entre varios otros, a quien conspicuos miembros de esa nefasta organización inventada para colonizar el Poder Judicial, "Justicia Legítima", les permitió zafar de las denuncias por el ilícito e inexplicable enriquecimiento del que disfrutan.

En ese río que espera a los jueces federales sin ofrecerles puente alguno, además de Cristina y sus hijos, Lázaro Báez y los suyos, los Ezkenazi (YPF), Gustavo Ferreyra (Electroingeniería) y Cristóbal López, también nadan Boudou (Vicepresidente), Scioli (Gobernador de la Provincia de Buenos Aires), De Vido (Planificación), Echegaray (AFIP), Anímal Fernández, Capitanich y Abal Medina (jefes de Gabinete), Di Cesare (PAMI), Uberti (OCCOVI), Milani (Ejército), Parrilli (SIDE), Clarens y Liuzzi (financistas), Schiavi y Jaime (Transportes), Vázquez (asesor de Jaime), Recalde (Aerolíneas), Michelli (Economía), Picolotti (Medio Ambiente), Daura (Casa de la Moneda), Barreiro (jardinero), Mazure (INCAA), Guillermo Moreno (Comercio), José López (Obras Públicas), Baratta (Coordinación de Planificación), Ulloa (Nación Fideicomisos), Cameron (Energía), Fatala (Obras Públicas), Espinosa y Argañaraz (ENARSA), Olazagasti (Planificación), Santiago Rodríguez y Grané (Fabricaciones Militares), Ricardo Barreiro (jardinero), los Zacharias (tareas varias), Alarcón, Farías Brito, Patrignani, Aguirres, Cabral, Fabián Gutiérrez, Daniel Alvarez, Bounine y Pablo Barreiro (secretarios privados presidenciales), Nélida Caballero (cocinera) (siguen las firmas) y  muchos repentinos desmemoriados de hoy, más los prestanombres de todos.

Porque, cuando dije que sólo se había visto la punta del iceberg, me refería a que todas las estancias patagónicas, las casas y departamentos en el país y en los Estados Unidos, los autos y aviones, y las montañas de dólares que lo que se nos ha mostrado son sólo las propinas que, en raros raptos de generosidad, Néstor (q.e.p.d.) entregaba a quienes le llevaban los bolsos de dinero; si pensamos que sólo Muñoz, el fallecido ex secretario de Kirchner, compró propiedades en Miami y New York por US$ 65 millones, tendremos una mejor idea acerca de cuánto robaron sus jefes.

En la medida en que ese desaforado saqueo nos ha colocado a todos, en una situación de terrible indefensión frente a las innumerables bombas sembradas por Cristina para que explotaran ahora -¡y lo están haciendo!- debo confesar que no comprendo por qué Mauricio Macri propone poner punto final, como hizo el viernes, a la revelación detallada de la herencia recibida y a la identificación de sus responsables. En verdad, me parece una actitud política suicida y, sobre todo, una falta de respeto a los argentinos, que quieren tener muy claro a quiénes deben sus actuales padecimientos y, en la medida de lo posible, pretenden que éstos devuelvan los dineros mal habidos.

Margarita Stolbizer quien, como Lilita Carrió, ha sido quién más ha denunciado la corrupción de Cristina, reclama para ella el principio de inocencia y la libertad hasta que quede firme alguna condena; además de recordarle que, en los casos de enriquecimiento ilícito ese principio no rige, es una pena que no haya hecho idéntica petición respecto a los militares presos, para los cuales parecen no existir las garantías constitucionales. Por su parte, también el peronismo muestra raras actitudes: Sergio Massa y Diego Bossio, para intentar cubrir con un manto de olvido su muy reciente pasado (¿complicidad?) en altos cargos del kirchnerismo, se han llamado a silencio, mientras que Felipe Solá inexplicablemente se sumó a la recua de desvergonzados -entre ellos, claro, Flor Kash- que califican a las investigaciones por los innumerables delitos cometidos como una cacería política.

La preocupación del Gobierno se vincula a la capacidad del kirchnerismo residual de generar conflictos; porque, si bien ya no hay ideologías mesiánicas en juego, como en los 70's, aún conserva un importante poder de convocatoria para la violencia -Miles TTT (D'Elía), Quebracho (Esteche), Tupac Amaru (Milagro Sala), algunas pseudo organizaciones sociales y miembros de la Policía de la Provincia de Buenos Aires-, sostenida con dinero de planes, del juego y del narcotráfico, con armas y, sobre todo, con drogas. Puede que no sean muchos, pero debemos recordar qué monumental zafarrancho organizaron sólo unos veinte mil terroristas en aquella época.  

Entonces, y ya que ese inquietante cuadro subsistirá cualquiera sea el momento en que la "noble viuda" termine con sus huesos en la cárcel, me pregunto por qué el Gobierno preferiría que esa situación se produjera el año próximo. Mi optimismo me lleva a pensar que la reactivación económica, con su consecuente repercusión social, llegará en los primeros meses de 2017, y eso permitirá a Cambiemos imponer a sus candidatos en las elecciones de octubre; si para entonces Cristina ya estuviera presa, los hipotéticos conflictos se habrían desatado -y terminado- mucho antes y los argentinos podremos volver a celebrar la democracia recuperada.


Bs.As., 23 Jul 16

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sábado, 16 de julio de 2016

Plata Dulce e Hipocresía




Plata Dulce e Hipocresía


      "Muchas personas creen que se les debe todo, pero siempre llega el momento en que deben enfrentarse con la realidad". 

Valerio Massimo Manfredi


Según todas las encuestas, la inflación es el principal tema de preocupación de los argentinos, superando a la corrupción. La reacción generalizada contra los aumentos en las facturas de los servicios públicos (agua, luz y gas), aprovechada políticamente por el inescrupuloso Sergio Massa y el desvergonzado kirchnerismo, demuestra claramente que conformamos una sociedad hipócrita, pendiente del corto plazo y enviciada con las ilusorias ventajas que puede obtener de un Estado omnipresente. Nadie nos dice cómo piensan que deberían financiarse los enormes desequilibrios que Maurico Macri heredó: ¿mayor emisión monetaria?, ¿creciente endeudamiento externo?, ¿más impuestos?; todos sabemos a dónde llevan los dos primeros caminos, por que los hemos recorrido hasta el hartazgo, y el tercero es imposible.

Para que la inflación ceda, lo primero que hay que hacer es reducir el déficit fiscal, algo que se ve impedido por la subsistencia de subsidios indiscriminados. Si, entre otras cosas, no pagamos por la energía que consumimos lo que vale, no sólo seguiremos malgastando inexistentes recursos públicos en la importación sino que, como no habrá inversiones en el sector, no se podrán abrir fábricas; sólo un demente lo haría si no hay gas ni luz eléctrica.

Hace más de una década, dije a los grandes consumidores que iban al suicidio porque, mirando no más allá de la nariz, estaban llevando a la quiebra al sector eléctrico mientras recibían un subsidio implícito desmesurado al amparo del congelamiento de tarifas que, impuesto durante la crisis de 2001/02, Kirchner había mantenido a rajatabla. Recordando una frase que había aprendido en Brasil: "la energía más cara es la que uno no tiene cuando la necesita", les recomendé que llegaran a un acuerdo con los proveedores del indispensable insumo para aumentar el precio que éstos percibían, de modo de asegurar rentabilidad a las empresas y permitirles aumentar la capacidad de generación y transporte. Obviamente, no lo hicieron, y siguieron disfrutando de esa "plata dulce" como si todo hubiera podido seguir así para siempre.

Ese congelamiento hacía que, por ejemplo y en materia de gas, mientras se pagaba a Repsol y los demás productores US$ 2,5 por millón de BTU (la medida que se utiliza para medir el poder calórico) en boca de pozo en Argentina, se reconocía a la misma Repsol US$ 7,5 si lo extraía en Bolivia, desde donde llegaba ante los crecientes faltantes durante los picos de consumo. Lo mismo ocurría en todo el mercado energético; la resultante fue que perdimos el autoabastecimiento y surgió la necesidad de importar masivamente. Durante los 90's, se construyeron gasoductos para exportar a Chile y a Rio Grande do Sul, y líneas de alta tensión para enviar electricidad a Brasil y a Uruguay; a partir de 2003, el sentido de esos flujos se invirtió para importar gas y energía eléctrica. Para atender a la demanda, se recurrió a comprarlo licuado y regasificarlo en Bahía Blanca y Zárate, a más de US$ 17, lo cual generó un enorme negociado, que ya está en manos de la Justicia.

El Gobierno eludió, por un inexplicable prurito vinculado al riesgo de espantar a potenciales inversores, informar claramente a la población la magnitud de una crisis, distinta pero peor que la de 2001/02 y, claro, nadie notó su verdadera dimensión. El sistema tarifario implementado ya había estallado en la década anterior y, cuando se debió elegir a quién cortar los suministros de luz y gas, el populismo optó por mantenerlo a los hogares en desmedro de las empresas, aunque esta medida atentaba contra la industria y, naturalmente, era un factor más en el incremento de la inflación y en la pérdida de trabajo.   

Los usuarios de las zonas beneficiadas por esa mal intencionada política (Capital y Conurbano) siguieron derrochando la energía, ya que el Estado la "regalaba" -en realidad, se pagaba con los impuestos de todos-, mientras que el interior soportaba tarifas mucho más altas, y lo mismo ocurría con el transporte público; así, aquéllos calentaban sus piscinas en invierno y los hogares parecían arbolitos de Navidad; otra vez, la "plata dulce". Ahora, cuando resulta indispensable realizar un ajuste paulatino -el brusco era política y socialmente inviable- la desinformación generada por el Gobierno y su errónea implementación (hubiera sido mejor, por ejemplo, establecer el aumento a partir del anuncio, lo cual produciría ahorro, y no para el consumo pasado) provocan las protestas, fogoneadas por el kirchnerismo, la primera de las cuales se produjo el jueves. Curiosamente, quienes "cacerolearon" no reclaman por las gigantescas tarifas del celular o del cable, pero se alteran si por el gas deben pagar mensualmente el equivalente a cuatro pizzas en lugar de un café, como hasta ahora. Pero, confesémoslo, tampoco resulta explicable que, en medio del desastre, se sigan quemando billetes ante el altar de Fútbol para Todos y otros tantos agujeros negros.

La Justicia, ahora en defensa propia, mostró el ya pornográfico espectáculo de inexplicables millones de dólares en cajas de seguridad de la hija de Cristina Elizabet Fernández, que no ha trabajado en su vida mientras que sus padres sólo han sido empleados públicos desde hace treinta años y su hermano Máximo consiguió su primer conchabo en diciembre de 2015, como Diputado. La escena recordó a los allanamientos a la casa de los narcos mexicanos, donde se encontraron parvas de billetes escondidos en placards. Por esos detalles ocupacionales que me pregunto por qué el Juez que tiene en sus manos la causa por enriquecimiento ilícito de la ex Presidente no la llama ya mismo a indagatoria, ya que en ella es ésta quien debe demostrar la legitimidad de la gigantesca fortuna que tan impúdicamente exhibe ante un país en ruinas.

Porque así es: la Argentina está en ruinas precisamente porque Néstor y Cristina "fueron por todo" para robar sin medida. Los fondos que se encuentran en bóvedas, bolsones y cajas de seguridad, en casas, hoteles y campos, todos ellos una pequeñísima parte del monto del saqueo, faltan en hospitales, escuelas, viviendas, cloacas, rutas, y en gas, en represas y plantas de generación eléctrica, y otras miles de necesidades insatisfechas a lo largo y ancho del país. En realidad, nada de eso es nuevo, porque cuando ya se conocía el tamaño del latrocinio y llegaban valijas de dólares voladores, la hipocresía de la sociedad argentina hizo que se alzara con el 54% de los votos en 2011, producto de la fiesta de subsidios y de la emisión demencial.

Ante la dramática magnitud que ha adquirido el problema, me pregunto si también seremos hipócritas para enfrentar el narcotráfico -otra fuente de enriquecimiento de los Kirchner, como el juego- y dejaremos la solución en manos de policías como la de Provincia de Buenos Aires, autogestionadas para el delito. ¿Por qué no aceptamos que así no se alcanzará y que, por el contrario, iremos al horror final? ¿No ha llegado la hora de adoptar medidas heroicas? Tal vez, una salida sería la "militarización" de las policías, mediante la designación de oficiales en actividad  y de alto grado de las fuerzas armadas para encabezarlas, sólo hasta tanto la corrupción pueda ser erradicada, algo que a Gran Bretaña le llevó diez años lograr con Scotland Yard.


Bs.As., 17 Jul 16

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